martes, 26 de octubre de 2004

Vida Cotidiana en Egipto II

La Sociedad
La sociedad egipcia manifiesta un elevado grado de jerarquización y dependencia, ocupando el último escalafón el faraón. Los esclavos ocupaban la posición más baja del escalafón. En su mayoría procedían de otros países, capturados en la guerra o vendidos por mercaderes especializados en este "producto". El esclavo se podía dedicar a todo tipo de trabajos, agrícolas o domésticos, teniendo potestad su dueño para venderlo, cederlo o alquilarlo. Por encima encontramos a los sirvientes; a cambio de una pequeña retribución realizaban todo tipo de trabajos, considerándose personas libres pero dependientes de su señor. Los campesinos serían la siguiente clase social. Dentro de este grupo distinguimos a los braceros que trabajaban para el faraón, un templo o un rico hacendado a cambio de un miserable salario. Los pequeños propietarios debían entregar la mayor parte de sus cosechas al Estado o los templos en calidad de tributos, viéndose obligados a realizar los trabajos públicos necesarios a cambio de la manutención. Los artesanos se encuentran en la clase intermedia, habitando en su mayoría en las ciudades. También estaban obligados a realizar los trabajos comunitarios pero podían pagar a alguien que los sustituyera. Los miembros de la administración constituían las élites de la sociedad, aunque encontramos una subdivisión dependiendo de sus cargos.
El Farón
El rey de Egipto es el representante del dios Horus en la tierra y el enlace entre los dioses y los hombres. Posiblemente en épocas remotas, antes de la unificación, cuando el rey se hacía viejo, era considerado inútil porque había perdido la fuerza vital que le permitía mantener el orden cósmico y social y, por ello, debía ser eliminado incluso mediante una muerte violenta. Pero en época histórica, esta eliminación se había sustituido por una fiesta ritual llamada sed en la cual se renovaban las capacidades del faraón mediante una serie de ritos oscuros que se celebraban en capillas especiales. Esta teoría dual de la monarquía, al gobernar el Alto y el Bajo Egipto, se reflejaba en la representación del monarca con dos coronas: la corona blanca del sur y la corona roja del norte. En la práctica, la dualidad queda de manifiesto en las dos sedes de la administración del Estado, la casa blanca del sur y la casa roja del norte, cuyo nexo era la persona del rey.
Los Campesinos
Entre julio y octubre se producía la benefactora inundación del Nilo que permitía el desarrollo de la agricultura en Egipto. Cuando finalizaba se ponían en marcha los instrumentos necesarios para desarrollar una de las economías más prósperas de la Antigüedad. En primer lugar se preparaban las tierras, marcando las lindes de los terrenos para evitar pleitos y establecer la base sobre la que pagar los impuestos. El arado de las tierras era el siguiente paso, utilizando vacas u hombres excepcionalmente. Después venía la siembra: espelta, lino y cebada eran los cultivos más habituales. El tiempo que transcurría hasta la cosecha se ocupaba en el riego de las zonas más alejadas del río, el adecuamiento de los canales, el trabajo colectivo o la lucha contra los pájaros que se comían los pequeños brotes. La cosecha solía ser vigilada por los inspectores de impuestos que valoraban la cantidad que iban a solicitar al campesino, en función de lo cosechado También los escribas del propietario de las tierras e incluso el señor solían estar presentes en el momento más importante de la labor agrícola. El grano cosechado se guardaba en los silos. Además de los cereales, en los huertos se producían todo tipo de productos de regadío como melones, pepinos, alubias, frutas, hortalizas o vides. El vino y la cerveza serán las bebidas favoritas de los egipcios.
Los artesanos
La artesanía tuvo un amplio desarrollo en el Egipto antiguo. Gran parte de los artesanos trabajaban para el faraón o los grandes templos, conociéndose documentación sobre la existencia de amplios talleres donde el trabajo era supervisado por un superintendente. Este cargo era habitualmente hereditario y tenía la misión de controlar la labor de los artesanos y el uso de los materiales que tenían destinados, especialmente los metales. Carpinteros, metalúrgicos, joyeros, ceramistas, escultores, pintores, vidrieros, tejedores, albañiles nos han dejado un buen número de piezas que hacen alusión a la importancia de la artesanía en la época, realizando tanto objetos suntuosos como de primera necesidad. Los textos hacen referencia a la jornada laboral y parece que trabajarían unas ocho horas diarias, durante ocho días de cada diez.
La Administración
Egipto era un país con una poderosa administración debido a su centralismo. A la cabeza de la burocracia se encontraba el visir, en ocasiones uno en el norte y otro en el sur. El visir del norte vivía en Heliópolis y el del sur en Tebas. Cada una de las zonas se dividía en provincias llamadas nomos que estaban dirigidas por los gobernadores de nomos y los condes. Estos personajes irán adquiriendo cada vez más parcelas de poder, especialmente en los momentos de decadencia como en los periodos intermedios. A su vez las provincias estaban divididas en distritos a cuyo frente se situaba un funcionario que dependía del visir. Era frecuente que el visir enviara mensajeros a las provincias y distritos que servían de enlace entre los diferentes niveles de la administración. Estos mensajeros debían informar en tres ocasiones al año a sus superiores jerárquicos. Con este sistema se intentaba evitar la feudalización del país. El visir tenía en sus manos la justicia al ocuparse de reprimir los abusos de poder, el respeto de los testamentos y el nombramiento de jueces, presidiendo el tribunal en casos importantes. A su cargo también tenía la vigilancia de los trabajos públicos y era el receptor de la información referente a las crecidas del Nilo. La hacienda pública era su responsabilidad al tener competencias sobre la recaudación de impuestos, impuestos que eran recaudados por funcionarios locales. Se puede decir que el visir gobernaba Egipto ayudado de su corte de funcionarios, quienes formaban una clase privilegiada a la que se colmaba de constantes premios y favores. Entre estos privilegiados debemos situar a los escribas cuyo sueldo anual ronda los 50 deben de cobre, a los que se descuenta el 10 % como impuesto sobre la renta personal. Las retribuciones aumentan al ascender en la jerarquía administrativa. Los escribas de la contabilidad tenían fama de ser los más ricos y poseían casa con cuidados jardines, un elegante coche, una barca de paseo, se vestían con costosos vestidos y perfumes, no faltando la buena mesa y el buen vino, servido todo ello por criados, lacayos y sirvientes.
Los Trabajadores del Faraón
Poseemos bastantes datos relativos a las condiciones de vida de los obreros que trabajaban a los servicios del Estado y que debían constituir un amplio número, a juzgar por la política de obras públicas desarrollada por buena parte de los faraones. El poblado de Deir el-Medina, cercano a Tebas, albergaba a obreros y artesanos empleados en la construcción de la necrópolis faraónica. A lo largo de cinco calles y en casas encaladas, vivían nubios, descendientes de los antiguos hicsos y egipcios, todos libres. Su régimen alimenticio, a base de pan, carne de buey, ternera, gacela, aves y todo tipo de verduras, más leche, vino y cerveza, pone de manifiesto que vivían con agradable bienestar dentro de su oficio. La actividad era presidida por una administración compuesta por dos jefes y un consejo de obreros, escribas y alguaciles. Todos los trabajadores estaban afiliados a cofradías religiosas y celebraban sus fiestas, oficios y procesiones. Los salarios debían ser más que suficientes ya que muchos de los obreros eran dueños de sus casas en las que viven con su mujer o concubina. Estos obreros están exentos del pago de impuesto, a excepción del impuesto personal que gravaba a todos los egipcios. Un contramaestre dirige y vigila la actividad, anotando las faltas al trabajo que se produzcan. Está justificada la ausencia por enfermedad, por celebración de la fiesta de la madre, y por ausencia o discusión con la esposa. Otras ausencias no estaban justificadas y recibían una sanción. Un tribunal de obreros decide sobre los litigios que no afectan a lo criminal. A cada brigada se le asigna un médico que regularmente acude en visita al poblado, en virtud de unos acuerdos de higiene en el trabajo. Los salarios eran pagados, generalmente, en víveres: cerveza, grano, pan, pescado seco y verduras, aceite cada diez días y suplemento de carne en los días festivos. Se tenía conciencia del derecho a ser bien tratado y cuando tras la semana normal de ocho días de trabajo no se descansan los dos siguientes, o cuando los alojamientos del lugar de trabajo se consideran inadecuados o insuficientes, había protestas y huelgas. Las narraciones de la época dicen que se tumban. Las condiciones de vida de los obreros que no trabajaban a las órdenes del faraón diferían considerablemente por lo que estos trabajadores deben ser considerados unos privilegiados.
El Ejercito
El ejército regular en Egipto sólo se desarrolla desde el Imperio Nuevo. Si el rey tenía necesidad de reunir tropas debía solicitar ayuda a los nomarcas, quienes reclutaban a los soldados. Las tropas regulares estaban en Nubia. Pero la expansión territorial egipcia motivaría la necesidad de crear un ejército regular y profesional. Sabemos que en el reinado de Horemheb el ejército estaba formado por dos cuerpos con guarniciones en el Delta y en el Alto Egipto. Ramses II dispuso de cuatro ejércitos bajo la protección de los cuatro grandes dioses egipcios. Los carros eran las armas más mortíferas de las tropas egipcias. Fueron introducidos por los hicsos y en cada uno de ellos, tirado por dos caballos, montaban un conductor y un guerrero. La infantería se organizaba en compañías de entre 200 y 250 hombres. Cada 20 compañías formaban una división. Los militares constituían una clase privilegiada dentro de la sociedad y eran relativamente adinerados al participar en los botines de campaña y disfrutar de las donaciones de terrenos. Egipto también disponía de una poderosa marina de la que no tenemos mucha información. Cada barco era dirigido por un comandante; diferentes grupos de barcos eran dirigidos por oficiales superiores mientras que el almirante en jefe era la máxima autoridad marítima, por debajo del rey.
El Clero de Amón
En la XII Dinastía encontramos las primeras alusiones al clero de Amón. Era dirigido por un gran sacerdote llamado el "primer profeta de Amón" que paulatinamente alcanzará mayor peso político en la vida de Egipto, llegando un momento en el que se nombren miembros de la familia real para ejercer un control mayor sobre el cargo. El gran sacerdote contaba con un alto clero y un bajo clero como asistentes. El alto clero lo integraban los "sacerdotes divinos" y tenían exclusividad en la participación de los sacrificios. El bajo clero estaba formado por los purificadores - llevaban la barca del dios, purificaban el templo y adornaban las estatuas - y los sacerdotes lectores que se encargaban del ritual. Entre los sacerdotes existían jerarquías. Un amplio personal femenino acompañaba a los sacerdotes: las cantoras y las esposas del dios. La reina tenía el título de "divina adoratriz" ya que creían que Amón se unía a ella para mantener el divino linaje de los faraones. Los sacerdotes de Amón estaban entre los más ricos de Egipto ya que contaban con tierras, depósitos, tributos llegados de las provincias y ganados, contando con un amplio número de trabajadores a su cargo. Esta riqueza favorecerá el incremento de poder del clero de Amón.

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