jueves, 21 de octubre de 2004

El canibalismo a Debate

Un nuevo estudio sobre el canibalismo permite interpretar de forma más humana el comportamiento de los homínidos en Atapuerca.

Encontrar indicios de prácticas antropofágicas en el registro antropológico no es nada frecuente. Además, desde los años 80, numerosos investigadores se lo piensan dos veces antes de formular tales hipótesis. Las reclamaciones de los pueblos indígenas y una visión rousseauniana de las tribus pre-industriales han provocado que sólo con pruebas demoledoras se hable directamente de canibalismo. Son varios los yacimientos en los que se han hallado restos humanos fragmentados y con marcas de corte en sus huesos que parecen probar la existencia de la antropofagia entre los pueblos rehistóricos. El caso más remoto demostrado de canibalismo ha sido hallado en el nivel TD-6 del yacimiento Gran Dolina, en la sierra de Atapuerca, con una antigüedad cercana a los 800.000 años, y practicado sobre un pequeño grupo de Homo antecessor. Aquí, seis individuos (dos niños, dos adolescentes y dos adultos jóvenes) fueron despiezados, fracturados y consumidos por otros homínidos. Hay, sin embargo, recientes estudios sobre algunos restos procedentes de Sudáfrica, de más de un millón de años, que pudieran avalar que estos hábitos alimenticios fueron realizados desde el origen del género Homo. Nuevos datos de canibalismo se apuntan para restos de Etiopía (Bodo) y Francia (Aragó) datados en 600.000 y 400.000 años respectivamente. Pero cuando este hábito parece generalizarse es con los neandertales, hace unos 100.000 años, ya que numerosos sitios que muestran este tipo de restos presentan indicios que avalan tales costumbres. Zafarraya en España, Abri Moula, Marillac o Combe Grenal en Francia, y, entre otros muchos, Krapina y Vindija en Croacia son los mejores ejemplos. La antropofagia ha continuado en nuestros días no sólo en tribus. Las hambrunas en Africa y las venganzas políticas en la ocupación de China son los casos más conocidos de un hábito en la actualidad, felizmente tabú. A la hora de interpretar el tipo y las causas del canibalismo, los investigadores han recurrido a las comparaciones etnográficas, es decir, al estudio de pueblos en los que se ha narrado el tratamiento de cadáveres humanos. Se han buscado paralelos en los Aztecas de México, los Foré de Papúa Nueva Guinea, los Anasazi de norteamérica o varios pueblos de las islas Fiji, habiendo apreciado que hay numerosas causas que conducen a la manipulación de los cuerpos. Algunas de las
hipótesis más formuladas apuntan hacia motivos tales como la subsistencia, los rituales, la belicosidad, etc., que han contribuido a crear una imagen de seres salvajes, muy alejados de las normas actuales que consideran la antropofagia como un acto impropio de los humanos. En concreto, para los restos de la Gran Dolina se planteó por los investigadores de Atapuerca que los humanos comieron a sus semejantes por motivos nutricionales no ligados a la necesidad subsistencial. Sin que sepamos si hubo violencia previa, lo cierto es que todo indica que los grupos de antecessor formaban parte de la dieta más o menos habitual de los homínidos. Sin embargo las investigaciones de la antropóloga Conklin apuntan hacia otro lado. El canibalismo de los Wari se manifiesta bajo dos modalidades: por un lado el realizado para con sus enemigos, expresando el odio que sienten hacia ellos, pero por otro lado el respeto y la admiración que sienten hacia sus muertos más allegados. En este último caso tratan de hacer desaparecer todo lo que les evoque a él, incluyendo la quema de sus pertenencias, el olvido de sus nombres o el cambio de todo los que les recuerde a él. En este concepto de ausencia es donde se encuadraría la práctica del canibalismo, ya que el cuerpo es un recuerdo muy acusado del fallecido. Pensar en el canibalismo como una forma de hacer frente al dolor que supone perder un ser
querido conlleva, según Conklin, una perspectiva positiva y más humana de este tipo de prácticas tradicionalmente estigmatizadas y denigradas por nuestra sociedad. En este contexto, quizá los restos de Dolina no sean ni un acto violento ni una ingesta de carne por el simple hecho de que fueran un alimento más. Quizá estos homínidos sólo pretendían unirse en la muerte tanto como unidos estaban en vida.

BIBLIOGRAFIA:

White, Tim D. 2001. ''Prehistoria del Canibalismo''. Investigación y Ciencia. Nº 301. Pág. 50-63. Villa, Paola.
1992. ''Cannibalism in Prehistoric Europe''. Evolutionary Anthropology. Volumen 1 (3). Págs 93-104. La Mort
dans la Prehistoire. Histoire et Archeologie. Nº 66/septembre 1982. Harris, Marvin. 1993. Bueno para comer.
Ed. Alianza. 289 p. Fernández Jalvo, Y., Díez J. C., Cáceres, I. y Rosell J. 1999. ''Human Cannibalism in the
Early Pleistocene of Europe (Gran Dolina, Sierra de Atapuerca, Burgos, Spain)''. Journal of Human Evolution
591-622

ENLACES:

http://news.nationalgeographic.com/news/2003/
http://phrontistery.50megs.com/cannibalism.pdf
http://www.sciencenews.org/sn_arc99/10_2_99/fob4.htm
http://lilt-vetri.lilt.ilstu.edu/rtdirks/CANNIBAL.html

FUENTE:

http://www.atapuerca.com

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